Está
situada muy cerca de Santa María, solamente
un poco más arriba en la misma falda
del monte Naranco. Dedicada al arcángel
San Miguel, aparece ya citada en el Libro de
los Testamentos de la catedral de Oviedo en
los años 857 y 905.
La parte que actualmente se conserva corresponde
a los pies de la iglesia, la cabecera se destruyó,
quizás en el siglo XIII, debido a las
malas condiciones del terreno sobre el que se
asentaba.
Como
en Santa María, el arquitecto que la
concibe, parece preocupado por las proporciones,
presentando una gran esbeltez, hasta el punto
de que su altura resulta ser tres veces el ancho
de la nave central. Fue de planta basilical,
con tres naves. Sólo se conserva hoy
el pórtico interno, con tribuna y el
primer tramo de los cuatro de que constaba.
Es
muy interesante la decoración, en la
que destacan sobre todo, los relieves de las
jambas de la puerta, en las que el artista tomó
por modelo el díptico bizantino del cónsul
Areobindo. Representan escenas de circo con
saltimbanquis y el domador fustigando con el
látigo a un león, así como
las finamente trabajadas celosías que
cubren los huecos exteriores.