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Solamente
después de que todo esto ocurriera, tras
el traslado de la Corte a León, en el
año 910, y la posterior consolidación
de las conquistas territoriales hacia el sur,
que dejaban libres de los peligros que representaban
los sarracenos, caminos mucho menos penosos
y más fáciles de andar, el "Camino
Francés" comenzó a ser tan
frecuentado por los peregrinos que todos los
confines de la tierra acudian a venerar al Señor
Santiago, que según se relata en la "Historia
Compostelana", un embajador del emir almorávide
Alí ben Yusuf (1.106-1.142) que acudia
a Galicia para entrevistarse con la reina Doña
Urraca, durante el camino "vieron cuantos
peregrinos cristianos iban a Compostela y volvían
de allí para hacer oración y admirados
preguntaron: ¿Quién es ese personaje
tan grande e ilustre, para que los cristianos
se dirijan a él, para hacer oración
desde detrás de los Pirineos y desde
más lejos? Es tan grande la multitud
de los que van y vuelven, que apenas dejan libre
la calzada hacia occidente. Se les contestó,
sigue narrando la Historia, que era éste
Santiago, apóstol de Nuestro Señor
y Salvador, hermano de Juan, apóstol
y evangelista, uno y otro hijos del Zebedeo,
cuyo cuerpo está enterrado en los confines
de Galicia y es venerado por Galia, Inglaterra,
El Lacio, Alemania y por todas las provincias
cristianas, sobre todo por España como
patrono y protector suyo".
Pero concluimos que todos estos grandes acontecimientos
posteriores, no podrían haber sido, si
prescindimos de los antecedentes asturianos.
Vicente J. González, escribe a este respecto:
"¿Cómo podía existir
el Camino si faltaba lo que Asturias y sus reyes
habían originado: el santuario compostelano,
la aceptación del sepulcro aparecido,
la primera iglesia, la segunda, los monasterios,
las iglesias, los reyes promotores: Alfonso,
Ramiro. Ordoño? Todo sin excluir a los
peregrinos armenios, griegos, italianos, ingleses,
francos, frisios y dacios que peregrinaron a
Santiago desde el siglo IX".

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